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sábado, 7 de septiembre de 2013

EL SEÑOR NAKANO Y LAS MUJERES






HIROMI KAWAKAMI
Acantilado (Quaderns Crema)
Primera edición, octubre 2012
239 páginas
ISBN 978-84-15689-03-4

           

            La Prendería Takano no es un anticuario, insiste en aclarar su propietario, es una tienda de segunda mano.
            Como todos los detalles de esta novela, y al contrario de los objetos que se acumulan sin orden en el local, nada es superfluo en la narración, tampoco esta frase. La Prendería no tiene antigüedades en sus rincones, ni en sus estantes, contiene objetos actuales, desechados por sus propietarios o que han trascendido a su muerte. Objetos frágiles, malditos, olvidados…, objetos que se pueden reinventar...

           
            Hitomi, joven japonesa, entra a trabajar como dependienta en el local del señor Nakano. Como narradora y personaje central, es la mirada delicada e introspectiva que utiliza la autora para mostrarnos las costumbres y peculiaridades del Japón contemporáneo. Cree enamorarse de Takeo, el tímido ayudante del propietario que, como la tortuga pisapapeles de la Prendería, se esconde o bien se aleja para protegerse.
            Masayo, la hermana inquieta e independiente de Takano, acude regularmente por la tienda. Sin descanso, confecciona y expone muñecas y atormenta a su hermano con sus relaciones amorosas. Es la figura reflexiva, la rebeldía ante la aceptación que muestra la mayoría de personajes.
            Nakano cierra la Prendería, se cansa del negocio, igual que se cansa de sus relaciones sentimentales. Pasan tres años y los cuatro personajes se reencuentran en el nuevo local de Nakano. Hitomi y Takeo se han reinventando, son dos personas diferentes, al igual que el nuevo negocio, donde ya no hay objetos usados, sino antigüedades occidentales.


           
            Como en sus anteriores novelas, Kawakami nos muestra abundantes referencias sobre la cocina japonesa; sobre la muerte, a través de los objetos que sobreviven a sus propietarios o a través de las reflexiones de Masayo y vuelve a tratar sobre las difíciles relaciones sentimentales, donde los emociones se esconden en las miradas perdidas y las palabras no dichas.

             
            No es una narración que destaque por un ritmo trepidante ni por giros inesperados, tampoco por un desenlace impredecible. Si te atrapa es por la suavidad de sus descripciones, por la fragilidad de unos personajes cuyas vidas se amalgaman con las historias que esconden los objetos acumulados en la Prendería. Personajes y objetos se entremezclan, forman un todo, unidos por sutiles detalles que su autora nos va regalando en cada página, como un juego, un reto que el lector debe captar.

            Leer una obra de Hiromi Kawakami es dejarse absorber por la suavidad de su pluma, entrando en un oasis donde el tiempo parece detenerse y la sensibilidad emerge a la superficie como las flores de loto a través de las aguas estancadas. Puede parecer que no pase nada, pero en realidad la vida fluye a través de cada párrafo, de cada detalle. Tan solo tienes que dejar que te empape la fina lluvia de sus palabras.


“La lluvia caía con redoblada intensidad. Empezamos a oír algunos truenos. Takeo y yo seguimos abrazados, sin decir nada. Cayó un relámpago y, al poco rato, un trueno retumbó cerca de allí. Nos separamos y echamos a andar cogidos de la mano, aunque nuestros dedos apenas se rozaban.”


GRISELDA MARTIN CARPENA
1-5-2013



 http://www.catacultural.com/?p=20137 



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viernes, 5 de julio de 2013

EL ALMA DEL MUNDO






Autor: Alejandro Palomas
Editorial: Espasa
ISBN: 978-84-670-3619-0
325 páginas



“No hay mejor música que la de un corazón afinado. Solo entonces suena el alma del mundo.”


           
            Afinar el corazón es una ardua tarea. Que suene el alma del mundo, también, pero descubrir la música entre las páginas de esta novela, es fácil. Mucho.
            
            Se puede utilizar un lirismo azucarado que desborde la trama y llegue a molestar al lector pero, en el caso de Palomas, su prosa cuidada, con solfa, es un ingrediente que realza la narración, la envuelve y convierte en una sinfonía que se puede escuchar a lo largo de sus más de trescientas páginas. En esta novela, descubrimos el sonido del chelo, “la voz de los perdedores”…, “de los perdidos”.

            Clea Ross y Otto Stephens ingresan en una residencia de ancianos la misma tarde de junio. Ella, descarada e impertinente, verbaliza sus pensamientos, sin filtrar, revoluciona el entorno con su personalidad y llama la atención de Otto, director de orquesta, galán octogenario que no pierde la sonrisa ante las curiosas condiciones que se ve obligado a aceptar para conseguir la amistad de la mujer.
           
            Ambos escogen a la misma cuidadora, a Illona, una joven húngara que carga con el peso de un pasado que no la permite avanzar. Compagina la jornada laboral para acompañar a la intrigante pareja y asumir sus curiosos encargos.

            Durante tres meses se entremezclan las vidas de los tres protagonistas. Dos ancianos que, como adolescentes, se rebelan contra la rutina y buscan explicaciones en su pasado para dar respuestas a un futuro escaso. El pasado tendrá que reconciliarse con el presente para dar una oportunidad al futuro. Se cumple este axioma o no sonará el chelo, no sonará el alma del mundo.
           
            El chelo…, es el elemento que los une a Illona, “mujer hecha de capas de cosas no dichas y no compartidas que había aparecido para cambiar algo, porque seguramente algo cambiaba siempre allí donde llegaba”

             

           
            En esta novela, finalista en el premio Primavera de novela 2011 y recientemente publicada al italiano, una vez más, me he impactado por esa facilidad que posee el autor para penetrar en el alma de sus personajes, y sobre todo de los femeninos. Palomas es un explorador de los sentimientos, donde son éstos los que provocan la acción y no al revés como muchos escritores nos tienen acostumbrados.


“Y si quieres abrazos, atrévete a pedirlos. Y si te abrazan mal, atrévete a huir. No hay nada más triste que una vida arrepentida, hija, ni nada más pobre que una muerte quieta.”





http://www.catacultural.com/?p=21753

GRISELDA MARTÍN CARPENA
5-7-2013




viernes, 28 de junio de 2013

PRÓSTATA EN LA RODILLA CON FORMA DE BARCO


(Anexo al libro)



            Cuando crees que ya lo has visto y escuchado todo, te puedes sorprender y ser testigo de un momento sublime. Insuperable.

            Mañana la veré en la consulta, doctora. Tengo dolor en la ingle, me dijo un paciente en la calle. Me operaron de las rodillas y que no sea que se haya movido algo. Mañana me lo explica, le respondí. Sonreí y seguí con mi tarea del día: avisos domiciliarios.

            Fiel a su cita, a las nueve de la mañana, el señor y su dolor  inguinal esperaban en la salita.

            —¿Se acuerda de mi dolor?
            Tuve que hacer memoria, la verdad, pero en seguida me vino a la mente aquel dolor inguinal.
            —Dolor en la ingle, sí.
            —Y en las rodillas.
            —El problema puede venir de la cadera y se refleja en la rodilla.
            Me disponía a levantarme de la silla para explorarlo, cuando escuché unas frases que me obligaron a sentarme de nuevo. Y meditar…
            —Me pusieron una próstata en la rodilla con forma de barco.
            —¿Una próstata en la rodilla?, ¿con forma de barco? —repetí como un loro tonto.
            —Y de un barco famoso. Muy importante. Ahora no me acuerdo del nombre.
            
              Imaginé al señor del dolor inguinal, tumbado en la camilla de una gran mansión. Imágenes en blanco y negro. Los relámpagos caían sobre el tejado y una especie de doctor Franskenstein ensayaba con él. Próstatas metálicas, fabricadas con deshechos de barco y utilizadas como prótesis de nueva generación.
            


           —El Titánic. El Titánic —gritó orgulloso de su memoria prodigiosa—. Me pusieron una próstata de Titanic.

            Próstata, rodilla, Titánic… Deduje con lentitud, pero acercándome a la solución, no del problema, pero sí de los antecedentes del paciente.



            —Le pusieron una prótesis de titanio en la rodilla.
            —Eso es lo que le he dicho. Está lenta de reflejos hoy, doctora.
            —Pues sí, ha acertado con su diagnóstico.

            Y el hombre salió de la consulta con la petición de una radiografía de caderas. Pensé en una próstata de titanio insertada entre su cabeza femoral y el coxal. Mientras no se hipertrofiara, todo iría bien.





----Si queréis leer más, ya sabéis, comprad el libro.

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