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viernes, 5 de julio de 2013

EL ALMA DEL MUNDO






Autor: Alejandro Palomas
Editorial: Espasa
ISBN: 978-84-670-3619-0
325 páginas



“No hay mejor música que la de un corazón afinado. Solo entonces suena el alma del mundo.”


           
            Afinar el corazón es una ardua tarea. Que suene el alma del mundo, también, pero descubrir la música entre las páginas de esta novela, es fácil. Mucho.
            
            Se puede utilizar un lirismo azucarado que desborde la trama y llegue a molestar al lector pero, en el caso de Palomas, su prosa cuidada, con solfa, es un ingrediente que realza la narración, la envuelve y convierte en una sinfonía que se puede escuchar a lo largo de sus más de trescientas páginas. En esta novela, descubrimos el sonido del chelo, “la voz de los perdedores”…, “de los perdidos”.

            Clea Ross y Otto Stephens ingresan en una residencia de ancianos la misma tarde de junio. Ella, descarada e impertinente, verbaliza sus pensamientos, sin filtrar, revoluciona el entorno con su personalidad y llama la atención de Otto, director de orquesta, galán octogenario que no pierde la sonrisa ante las curiosas condiciones que se ve obligado a aceptar para conseguir la amistad de la mujer.
           
            Ambos escogen a la misma cuidadora, a Illona, una joven húngara que carga con el peso de un pasado que no la permite avanzar. Compagina la jornada laboral para acompañar a la intrigante pareja y asumir sus curiosos encargos.

            Durante tres meses se entremezclan las vidas de los tres protagonistas. Dos ancianos que, como adolescentes, se rebelan contra la rutina y buscan explicaciones en su pasado para dar respuestas a un futuro escaso. El pasado tendrá que reconciliarse con el presente para dar una oportunidad al futuro. Se cumple este axioma o no sonará el chelo, no sonará el alma del mundo.
           
            El chelo…, es el elemento que los une a Illona, “mujer hecha de capas de cosas no dichas y no compartidas que había aparecido para cambiar algo, porque seguramente algo cambiaba siempre allí donde llegaba”

             

           
            En esta novela, finalista en el premio Primavera de novela 2011 y recientemente publicada al italiano, una vez más, me he impactado por esa facilidad que posee el autor para penetrar en el alma de sus personajes, y sobre todo de los femeninos. Palomas es un explorador de los sentimientos, donde son éstos los que provocan la acción y no al revés como muchos escritores nos tienen acostumbrados.


“Y si quieres abrazos, atrévete a pedirlos. Y si te abrazan mal, atrévete a huir. No hay nada más triste que una vida arrepentida, hija, ni nada más pobre que una muerte quieta.”





http://www.catacultural.com/?p=21753

GRISELDA MARTÍN CARPENA
5-7-2013




viernes, 28 de junio de 2013

PRÓSTATA EN LA RODILLA CON FORMA DE BARCO


(Anexo al libro)



            Cuando crees que ya lo has visto y escuchado todo, te puedes sorprender y ser testigo de un momento sublime. Insuperable.

            Mañana la veré en la consulta, doctora. Tengo dolor en la ingle, me dijo un paciente en la calle. Me operaron de las rodillas y que no sea que se haya movido algo. Mañana me lo explica, le respondí. Sonreí y seguí con mi tarea del día: avisos domiciliarios.

            Fiel a su cita, a las nueve de la mañana, el señor y su dolor  inguinal esperaban en la salita.

            —¿Se acuerda de mi dolor?
            Tuve que hacer memoria, la verdad, pero en seguida me vino a la mente aquel dolor inguinal.
            —Dolor en la ingle, sí.
            —Y en las rodillas.
            —El problema puede venir de la cadera y se refleja en la rodilla.
            Me disponía a levantarme de la silla para explorarlo, cuando escuché unas frases que me obligaron a sentarme de nuevo. Y meditar…
            —Me pusieron una próstata en la rodilla con forma de barco.
            —¿Una próstata en la rodilla?, ¿con forma de barco? —repetí como un loro tonto.
            —Y de un barco famoso. Muy importante. Ahora no me acuerdo del nombre.
            
              Imaginé al señor del dolor inguinal, tumbado en la camilla de una gran mansión. Imágenes en blanco y negro. Los relámpagos caían sobre el tejado y una especie de doctor Franskenstein ensayaba con él. Próstatas metálicas, fabricadas con deshechos de barco y utilizadas como prótesis de nueva generación.
            


           —El Titánic. El Titánic —gritó orgulloso de su memoria prodigiosa—. Me pusieron una próstata de Titanic.

            Próstata, rodilla, Titánic… Deduje con lentitud, pero acercándome a la solución, no del problema, pero sí de los antecedentes del paciente.



            —Le pusieron una prótesis de titanio en la rodilla.
            —Eso es lo que le he dicho. Está lenta de reflejos hoy, doctora.
            —Pues sí, ha acertado con su diagnóstico.

            Y el hombre salió de la consulta con la petición de una radiografía de caderas. Pensé en una próstata de titanio insertada entre su cabeza femoral y el coxal. Mientras no se hipertrofiara, todo iría bien.





----Si queréis leer más, ya sabéis, comprad el libro.

Venta a demanda en papel (Por Internet)

           

            

jueves, 27 de junio de 2013

EL MATRIMONIO DE LOS PECES ROJOS





 Autora: Guadalupe Nettel
Editorial Páginas de Espuma
Primera edición: abril de 2013
120 páginas
ISBN: 978-84-8393-144-8

            Guadalupe Nettel, licenciada en ciencias del lenguaje por la EHESS de París, nos sorprende con un nuevo libro de cuentos, obra que ha conseguido el III Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, organizado por la editorial Páginas de Espuma.
             Esta autora mejicana ha publicado tres libros de cuentos (Juegos de artificio, Les Jours fossiles, Pétalos y otras historias incómodas), un ensayo (Para entender a Julio Cortázar) y dos novelas (El huésped y El cuerpo en que nací) editadas ambas por Anagrama. Traducida al francés, holandés, alemán, inglés, portugués, italiano y sueco entre otras lenguas. Su novela El huésped quedó finalista del Premio Herralde en el 2005.


            Los cinco cuentos que forman esta antología, titulada originalmente (Historias naturales), toma como escenario los diferentes países en que ha vivido la autora: Francia, México, Dinamarca, Berlín… Peces beta, cucarachas, gatos, hongos y serpientes se convierten en elementos que dan cohesión estructural a la obra. He intentado buscar una relación entre los citados seres vivos con los escenarios, pero… quizá no la haya.
            Animales y parásitos conviven de forma estrecha con el narrador, compartiendo protagonismo. Se crea entre ambos un vínculo tan potente que, en alguno de los cuentos, parece ser que el animal sea quien determine la voluntad del humano. En otros de los cuentos, pueden llegar a predecir el destino del personaje. Incluso queda la duda de que sean ellos, y no el narrador, quien tomando sus decisiones influyan en la voluntad que el humano no tiene o, bien por miedo, no es capaz de llevar a cabo.
            Como un zigzag, Nettel alterna la novela y el cuento. Con esta última antología se ha ganado la consideración de pertenecer a una de las mejores cuentistas de esta generación. En ambos géneros plasma su sello personal, esa atmósfera Netteliana que el escritor Enrique Vila-Matas define como turbulenta.


            Guadalupe Nettel, una vez más, consigue sublimar lo cotidiano, universalizar gestos, hechos aparentemente banales. Su mirada parece poseer la facultad de los rayos equis y alcanzar la profundidad en todo lo que puedan parecer simples detalles.
            Con prosa cuidada y ágil, cautiva al lector desde los primeros párrafos. Te acompaña de una forma que parece suave, frágil, pero que te adhiere de forma contundente a su mundo, mundo que surge de lo aparentemente sucio, trivial, cambiando también tu mirada.
            “Me daba pena verlo ahí, solo, en su recipiente de vidrio. Dudo mucho que haya sido feliz. Eso fue lo que más tristeza me dio al verlo ayer por la tarde, flotando como un pétalo de amapola en la superficie de un estanque. Él, en cambio, tuvo más tiempo, más serenidad para observarnos a Vincent y a mí. Y estoy segura de que, a su manera, también sintió pena por nosotros.”
            Un pez rojo, una cucaracha escurridiza, una gata preñada, los hongos de una entrepierna o una serpiente dentro de su terrario adquieren un interés que se traslada dúctil, pero sin pedir permiso a nuestra propia existencia.

GRISELDA MARTIN CARPENA





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